20090408

Cuentos cortos


Para leer con un express y un parisien…


"El hombre que va a menos (boceto de una vida completa)" (A. Dolina)

El protagonista ha nacido con una dotación formidable. Es inteligente,
valeroso, viril y apuesto. Sin embargo, durante toda su vida disimulará estas cualidades, tal vez por no apabullar a los demás.
Fracasará en sus estudios por fingir desconocimiento, aún poseyendo
erudición.
Renunciará a espléndidas mujeres y se casará con una verdadera bruja.
Retrocederá ante rivales que en realidad desprecia.
Cometerá injusticias para no sentir la soberbia de ser bondadoso. Se rodeará
de amigos miserables y les hará el homenaje de parecerse a ellos.
Tendrá gustos exquisitos, pero los negará para mentir regocijo ante las
cosas más despreciables.
Una noche sentirá venir la muerte y no tendrá miedo, pero gemirá como un
maula.
Jamás recibirá recompensa ninguna en este mundo, y tal vez tampoco en el
otro.

El duelo o la refutación del horóscopo (A. Dolina)

Los dos hombres nacen el mismo día, a la misma hora. Sus vidas no se cruzan
hasta que son enamorados por la misma mujer. Entonces se encuentran y pelean por ella. Uno de ellos obtiene la victoria y el amor. Al otro le corresponde el
dolor, la humillación y quizá la muerte. Los astrólogos han previsto ese día el
mismo horóscopo para los dos. Tal vez son erróneos los vaticinios.
O tal vez se equivoca uno al pensar que el amor y la muerte son destinos
distintos.

Los deberes de Pedro (A. Dolina)

Pedro se sienta en los últimos bancos del aula, como corresponde a un chico
que desdeña la educación y la vecindad de los poderosos. Las conspiraciones y
los batifondos nunca lo hallan ajeno. Busca el riesgo de las transgresiones y la
compañía de los más beligerantes. A veces lo tientan el estudio y la inteligencia.
Entonces, como quien acepta un desafío, como una compadrada, resuelve arduos
problemas de regla de tres y cumple los dictados sin tropiezos.
Un día, la maestra le acaricia el pelo tiernamente. El piensa:
-Ay, señorita... Si supiera cómo me gustaría regalarle una flor y darle un
beso.
Pero Pedro sabe quién es y conoce su deber y su destino. Con una gambeta se
aleja del afecto inoportuno y va a buscar la gloria allá en el fondo, donde los
malandras se empeñan revoleando los tinteros para que se cumpla mejor el divino
propósito del Universo.

El hombre que era, sin saberlo, el diablo (A. Dolina)

Un caballero de la calle Caracas resolvió negociar su alma. Siguiendo los
ritos alcanzó a convocar a Astaroth, miembro de la nobleza infernal.
-Deseo vender mi alma al diablo -declaró.
-No será posible -contestó Astaroth.
-¿Por qué?
-Porque usted es el diablo.

El hombre que pedía demasiado (A. Dolina)
Satanás: ¿Qué pides a cambio de tu alma?
Hombre: Exijo riquezas, posesiones, honores, distinciones... Y también
juventud, poder, fuerza, salud... Exijo sabiduría, genio, prudencia... Y también
renombre, fama, gloria y buena suerte... Y amores, placeres, sensaciones... ¿Me
darás todo eso?
Satanás: No te daré nada.
Hombre: Entonces no tendrás mi alma.
Satanás: Tu alma ya es mía. (Desaparece).

“En el camino”, (Jack Kerouac)

Estamos ante una de las mayores tomaduras de pelo de todos los tiempos, una de las mayores infamias que se han infligido a la literatura y a los lectores. Hacer creer a un profano en el mundo de las letras que “esto” es una novela o siquiera una obra literaria en un sentido lato, viene a ser algo así como convencer a un jubilado de noventa años de que todavía le quedan veinte de estar en esta tierra. Una canallada, vamos, por más que el jubilado lo agradezca y se vaya a su casa tan contento arrastrándose como pueda. Arrastrándome tuve que irme yo de mi casa cuando terminé de leer este augusto bodrio, uno de los novelorrios más mal escritos, con menos enjundia y menor calibre que he tenido ocasión de pasarme por delante de los morros, oiga. E incluyo aquí las obras completas de Espido Freire y Lucía Echebarría. Se trata esta “novela” de una broma pesada que no se creería ni el mismo autor que la pergeño cuando le dijeran que se iba a convertir en un clásico. De basura de esta están llenas las estanterías, y de basura de esta son muy entendidos los señores de Anagrama, fieles protectores de la mierdería internacional que no han dudado en convencer a jóvenes y viejos, listillos y listones, de que ciudadanos como Bucowsky, Burroughs o este menda son escritores. El libro, por supuesto, no tiene ni pies ni cabeza, está mal escrito, no conduce a ningún sitio, la traducción es propia de un patio de parvulario con alumnos rumanos a hostias con magregíes, como se dice ahora. Una augusta marranada por la que deberían pedirse responsabilidades penales no sólo a los descendientes del autor, sea en línea directa o indirecta, parientes políticos o consanguíneos, editores de aquí y de fuera, de antes, de ahora y del futuro… a todos ellos les digo: señores, váyanse a tomar por culo, por el amor del cielo y por las barbas de Senaquerib.